SaaS significa Software as a Service: software como servicio. En lugar de comprar un programa e instalarlo, pagás una suscripción y lo usás desde el navegador. Gmail es SaaS. Netflix es SaaS. El sistema de turnos de tu peluquería, probablemente también.

La palabra suena a Silicon Valley, pero el concepto es viejo y muy simple: alguien resuelve un problema una vez, y muchos pagan por usar esa solución.

Qué lo distingue de una web común

Sitio webAplicación SaaS
Qué haceMuestra informaciónProcesa el trabajo del usuario
SesiónAnónimaCuenta con datos propios
IngresoIndirecto: genera contactosDirecto: suscripción recurrente
DatosLos mismos para todosAislados por cliente
Después del lanzamientoMantenimientoProducto vivo, evoluciona siempre

Esa última fila es la que más subestima la gente. Un SaaS no se termina nunca. Es un negocio, no un entregable.

Dos formas de llegar a un SaaS

1. Resolver tu propio problema y descubrir que otros lo tienen

Es el camino más sólido. Tenés un proceso que te duele, lo automatizás, funciona, y entonces notás que a tres colegas les pasa lo mismo.

Así nacieron nuestros productos. Turnly gestiona turnos para peluquerías, estéticas y consultorios, y lo particular es que cada negocio arma su versión mano a mano con un desarrollador. MenuDig es un menú digital por QR para gastronomía, con gestión de platos, fotos, alérgenos y diseño propio del menú.

2. Detectar un nicho desatendido

Existen herramientas genéricas para casi todo. Lo que casi nunca existe es la herramienta específica para un rubro con reglas propias. Los despachantes de aduana, los estudios contables de una provincia, los criaderos. Nichos chicos, con procesos muy definidos, que nadie se toma el trabajo de entender.

Lo que realmente implica construir uno

Todo el mundo piensa en las pantallas. Las pantallas son la parte fácil. Lo que hay debajo:

  • Cuentas, roles y permisos. Quién puede ver qué, quién puede borrar qué.
  • Aislamiento de datos. Que un cliente jamás pueda ver los datos de otro. Es el requisito de seguridad más importante, y el más fácil de arruinar.
  • Facturación recurrente. Cobros mensuales, tarjetas que vencen, bajas, reintegros, planes distintos.
  • Soporte. Alguien tiene que responder cuando un cliente no puede entrar un domingo.
  • Respaldos y recuperación. Si perdés los datos de un cliente, perdiste el negocio entero.
  • Evolución continua. Los clientes piden funciones. Decir que sí a todo es la forma más común de morir.

Cinco preguntas antes de empezar

  1. ¿El problema le duele a alguien lo suficiente como para pagar? No alcanza con que sea molesto. Tiene que costar plata o tiempo real.
  2. ¿Cuántos negocios tienen exactamente ese problema? Si son diez, no es un SaaS: es un sistema a medida para esos diez.
  3. ¿Cómo lo resuelven hoy? Si la respuesta es una planilla de Excel, buenas noticias. Tenés competencia real y es débil.
  4. ¿Podés sostenerlo un año sin ganar plata? Porque eso es lo que va a pasar.
  5. ¿Tenés acceso a los usuarios? Construir sin hablar con ellos es la forma más cara de aprender.

La alternativa que casi nadie considera

Muchas veces la conversación arranca con quiero hacer un SaaS y termina con lo que necesitás es un sistema de gestión interno. No hay nada malo en eso. Un sistema que resuelve tu operación te ahorra plata desde el primer mes, sin la carga de sostener un producto para terceros.

Y si más adelante descubrís que otros lo quieren, ya tenés la parte difícil hecha y validada por vos mismo.

Por qué lo sabemos

En Driva Dev tenemos dos unidades de negocio. Una desarrolla software para clientes. La otra desarrolla y opera nuestros propios productos. No hablamos de SaaS desde la teoría: pagamos sus costos, respondemos su soporte y vivimos sus decisiones todos los días.

Si tenés una idea y querés una opinión honesta sobre si conviene o no, escribinos. A veces la respuesta más útil es que todavía no.